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8M

Un «gracias» con memoria y un «basta» con urgencia

«El 8M es el día de agradecer a las que abrieron la brecha y de jurar que no dejaremos que se cierre.»

Hoy, las redes se llenarán de filtros violetas y frases hechas. Pero antes de rechazar cada felicitación, detengámonos un segundo. Si hoy podemos escribir estas líneas, si hoy podemos votar, trabajar y decidir sobre nuestros cuerpos, es porque hubo una cadena de mujeres —nuestras madres, abuelas y bisabuelas— que se negaron a aceptar el «no» por respuesta.

La herencia: Un «gracias» que es un compromiso

No podemos hablar de lucha sin hablar de gratitud. Felicitarse hoy tiene sentido si esa felicitación es un reconocimiento al triunfo de la resistencia sobre el silencio. Estamos aquí porque antes hubo mujeres que se atrevieron a imaginar un mundo que no existía.

Nuestras antecesoras no solo nos legaron derechos legales; nos legaron la posibilidad de la palabra. Cada vez que una mujer ocupa un espacio de poder, decide sobre su cuerpo o camina con libertad, está ejerciendo una victoria que fue labrada con el sacrificio de quienes nos precedieron. Dar las gracias a las que «nos facilitaron el camino» no es un acto de sumisión, es un ejercicio de memoria histórica: es reconocer que somos las herederas de una audacia que cambió el curso de la humanidad.

El presente

Sin embargo, la gratitud no puede transformarse en complacencia. El peligro de haber «avanzado tanto» es creer que la tarea está terminada. En la actualidad, nos enfrentamos a formas de desigualdad más sofisticadas: algoritmos que reproducen sesgos de género, una carga mental que sigue teniendo rostro femenino…

La evolución que celebramos es real, pero es frágil. No podemos permitir que el «progreso» sea una anestesia que nos impida ver las nuevas grietas del sistema. Seguimos marchando porque la igualdad en el papel no siempre se traduce en igualdad en la vida. Porque mientras una sola mujer sea silenciada, el éxito de las demás estará incompleto.

La rebeldía como forma de honrar el pasado

La verdadera forma de agradecer a las mujeres del pasado no es conformarnos con lo que tenemos, sino ensanchar los límites de lo posible para las que vendrán. La rebeldía es, en esencia, nuestro mejor agradecimiento.

Nuestra lucha hoy es por un liderazgo que no imite estructuras patriarcales, por una corresponsabilidad que no sea solo un discurso y por una sororidad que actúe como una red de seguridad inquebrantable. El 8M es el día en que la memoria se hace movimiento. Es el momento de decir: «Gracias por abrir la puerta, ahora la siguiente generación continuaremos con vuestro gran trabajo y vamos a derribar los muros que quedan».

Y para terminar ¡Feliz 8M!

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