Cuando leer parece no ser suficiente
Leer es leer, incluso cuando es romantasy.
El romantasy es un género actual que está en su punto álgido, y eso parece incomodar a mucha gente. No son lecturas que estimulen la mente de la misma forma que Orwell o ciertos clásicos, y es cierto. Pero que no cumplan esa función concreta no significa que no tengan valor. Son libros. Y leer libros —del género que sea— sigue siendo leer.
Uno de los grandes errores cuando se habla de literatura es asumir que todos los libros deben servir para lo mismo. No todos tienen que formarte políticamente, cuestionar el sistema o convertirse en referentes culturales eternos. Algunos están escritos para entretener, emocionar, enganchar y acompañar. Y eso no los hace peores. La lectura no es solo una herramienta académica o intelectual: también es placer, refugio y disfrute.
El romantasy, además, está haciendo algo muy importante: está consiguiendo que muchos jóvenes lean. Lean mucho. Lean de forma constante. En una época dominada por pantallas y estímulos rápidos, que una persona joven se comprometa con historias largas, de cientos de páginas, es algo que debería celebrarse y no ridiculizarse. Eso implica atención, constancia y hábito lector. Eso también es leer de verdad.
Estos géneros no sustituyen a nada. Se suman. Leer romantasy no impide leer clásicos, ensayo o novela social. De hecho, muchas veces ocurre lo contrario: funcionan como puerta de entrada a la lectura en general. Primero lees lo que te apetece, lo que te engancha, lo que te emociona. Y luego, si nace la curiosidad, exploras otros géneros, otras voces, otras historias. Nadie llega a los libros importantes por imposición; se llega porque antes se ha aprendido a disfrutar leyendo.
También es injusto reducir el romantasy a algo vacío o sin valor cultural. Estas historias hablan de identidad, poder, deseo, miedo, relaciones, trauma, amor o pertenencia. Lo hacen desde la fantasía y el romance, sí, pero eso no las invalida. La cultura no es solo lo que se estudia en los temarios: también es lo que una sociedad lee, comparte y siente como propio.
El desprecio hacia el romantasy —como hacia cualquier lectura popular— suele tener poco que ver con la calidad literaria y mucho con el elitismo. No se juzga solo el libro, sino al lector. Especialmente cuando es joven y, muchas veces, mujer. Leer por placer parece molestar más que leer “bien”. Pero leer por placer no es una amenaza para la literatura. Es lo que la mantiene viva.
Leer es leer. En todos los sentidos. Pedir que la gente deje de leer lo que le gusta en nombre de una supuesta superioridad cultural no defiende la literatura; la debilita. La lectura se construye con curiosidad, diversidad y libertad. Y si una generación entra en los libros a través del romantasy, eso no es un problema. Es una muy buena noticia.
«Quizá el problema no sea lo que se lee, sino desde dónde se juzga»
¿Y tú? ¿Por qué libro entraste tú en la lectura?