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Dilemas

El arte de no endurecerse

A veces me gustaría no sentir todo tanto y no ser tan sensible, pero esa no sería yo.

Porque en el fondo sé que sentir es mi forma de estar en el mundo. Si no siento, me rompo por dentro; y cuando exploto, no es debilidad, es exceso de vida buscando salida. Mi sensibilidad no es un defecto, es una lente distinta: veo emociones donde otros pasan de largo, percibo historias en los silencios, significado en lo aparentemente insignificante.

No debería verse mal, al contrario, ver sentimientos en cada cosa que aparece frente a mis ojos significa estar despierta. Emocionarme con un tacto, dejar que un sonido me atraviese el alma, implica presencia, conexión, verdad. ¿Cómo puede ser negativo mirar más allá de la superficie? Eso es empatizar, comprender que cada cosa —por pequeña que sea— tiene su propio universo latiendo dentro.

Dar valor a los detalles no resta importancia al todo, lo construye. Porque muchas cosas pequeñas hacen una grande, y porque la magnitud no define la relevancia. No debemos ignorar a los ciempiés solo porque no brillen como un sistema solar. Ambos existen, ambos importan, ambos sostienen su propio equilibrio.

Sentir tanto no me hace frágil: me hace humana. Y en un mundo que a veces se acostumbra a mirar sin ver, sentir así es, quizás, una forma silenciosa de valentía.

«Algunas personas sienten la lluvia, otras solo se mojan»

Frase atribuida a Bob Marley

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